En el cementerio de Playa Ancha nadie descansa en paz

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Por Fernanda Herrera P

Como todo día sábado por la mañana, Juan Yordana prepara sus cosas y se dirige al Cementerio N° 3 de Playa Ancha. Éste es el único día que puede visitar a su madre, que se encuentra sepultada en el lugar, ya que el extenso horario de su trabajo no le permite hacerlo el resto de la semana.

Este hombre de 55 años, afortunadamente cuenta con la compañía de su pareja. Sin embargo, al llegar a la sepultura, ubicada casi al final del cementerio, ambos se llevan una gran decepción. El esfuerzo de cada sábado, que incluyen limpieza y adornos para embellecer el lugar, ha sido nuevamente destrozado por los vándalos que rondan cada día las 16 hectáreas del recinto.

Hoy en día, casos como el de Juan son recurrentes en el cementerio, en los que visitar estos campos santos se convertía a la vez en un indiscutible paseo familiar, se acabaron. El vandalismo desenfrenado y la poca seguridad con la que cuenta el recinto son dos factores cruciales que, pese a que están a la luz pública, no han sido solucionados y se convierten en un desafío.

La seguridad en el cementerio es escasa debido a que sólo se cuenta con cuatro guardias por turno, para cubrir las 16 hectáreas que conforma el terreno. Los ciudadanos se sienten inseguros por los altos índices de robos registrados que van desde los accesorios de las lápidas hasta asaltos a los mismo visitantes del camposanto. Sin embargo, los guardias del lugar sostienen que muchas veces esto ocurre por la poca prudencia de los visitantes, los cuales hacen caso omiso a sus advertencias.

Por otra parte, el poco compromiso de Carabineros es un tema importante que mantiene molestos a los trabajadores del cementerio, quienes hacen todo lo posible para brindar una armonía y tranquilidad en el recinto. “Hacemos lo que podemos, los retenemos  esperando que llegue Carabineros para que se los lleven, pero a veces ni siquiera llegan (…) en cambio, hay veces que llegan pero al otro día los delincuentes nuevamente están aquí”, cuenta Héctor Jara.

Pandereta

Existe un punto en particular que une todas las aristas del conflicto. Hay un lugar el cementerio que no está cercado completamente y se ha convertido en la puerta de acceso de los delincuentes. La pandereta de la discordia, ubicada a un costado y en lo alto del cementerio; le ha sacado canas verdes a los guardias de seguridad, como es un lugar que no está cercado, los ladrones se dedican a destruir el sector. Por lo mismo, los cuarteles 7 – 9 y 11, son los más peligrosos; ya que cierran el cementerio y son los más cercanos a la pandereta.

Por si fuera poco, un sinnúmero de personas entran al recinto a consumir drogas y beber hasta altas hora de la madrugada, quienes posteriormente se dedican a robar las sepulturas de bronce e incluso hasta las flores de las urnas con el fin de sacar provecho.

Más que un camposanto, el cementerio N°3 de Playa Ancha se ha convertido en una verdadera cuna de maleantes, en un lugar propicio para delincuentes que roban lo que sea para posteriormente tener dinero para alcoholizarse y drogarse; y en un recinto en el cual nadie “descansa en paz”.

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